Próxima Estación...

Iba en el Metro, de estación en estación, cuando de repente el conductor toma una de esas vías que salen de los túneles hacia destinos inciertos; paralelas a las normales pero que se desvían de pronto para hacernos preguntar a dónde irán, y para invitarnos a seguirlas...
El tren comienza a subir por la vía algo ruinosa y llega al exterior... dobla y sigue... y, de pronto, como si sólo hubieran pasado unos segundos, entre galpones de trenes y vueltas extrañas, estamos frente al MAR...
Un mar no como playa típica, llena de bañistas, sino un mar oxidado de tanto fierro que está junto a su orilla. El metro continúa por entre los rieles oxidados... entre máquinas aún peores, perdiendo mucho tiempo, pero que nada importa ante el asombro de semejante espectáculo.
Los niños se bajan y admiran los recovecos de los galpones. Yo no me quedo atrás y los sigo... es como un regalo de magia en medio de una ciudad de realidad tóxica, que no se puede desaprovechar.Cuando el tren parte me quedo, y pronto cae la noche... La sensación de estar en tan apartado lugar, inubicable en un mapa y con sólo una vía para regresar, no deja de inquietarme... Recuerdo haber tenido que correr, haber sentido miedo de estar en ese lugar tan desolado. Haberme encontrado con otras personas, que no necesariamenmte estaban ahí de paso...
Pero pronto llega otro tren, que deberá detenerse para llevarme a la ciudad. Aunque no es un tren cualquiera, ha sido uno entre muchos que decidió seguir las vías desconocidas, con rumbos
inciertos... con destino a la Próxima Estación.
